Lo que pasa entre la consulta y el pabellón es invisible.
Una persona entra a una consulta y decide operarse. A partir de ahí empieza un viaje de semanas: presupuestos, exámenes, autorizaciones, dudas, miedos, fechas que se mueven. Un viaje que define si llega al pabellón o se cae en el camino.
Y nadie lo está mirando. Una clínica con cientos de consultas al mes no sabe, con precisión, cuántas terminaron en cirugía, cuándo se cayeron, ni por qué. Las planillas no lo saben. WhatsApp no lo recuerda. El EMR lo registra después, cuando ya no se puede hacer nada.
Una de cada cinco personas que decidió operarse no llega. Y el reporte mensual nunca lo dijo.